Antón Paz
Para muchas personas que han sufrido un derrame cerebral, la recuperación se estanca aunque pasen años en terapia. Caminar se siente inestable, el equilibrio frágil y el progreso se vuelve lento… hasta que la esperanza empieza a apagarse.
Pero un dispositivo de neuroestimulación colocado en la lengua cambió esa historia. 
En estudios clínicos, más de 100 pacientes mostraron mejoras importantes en el equilibrio y la forma de caminar después de solo 6 meses de uso, incluso cuando más de 4 años de rehabilitación tradicional no habían funcionado. El dispositivo envía señales eléctricas suaves a la lengua. Puede sonar extraño, pero la lengua es una de las vías más poderosas hacia el cerebro. Está llena de nervios sensoriales que se conectan directamente con áreas cerebrales responsables del movimiento y la coordinación.
Aquí es donde la ciencia se vuelve fascinante 

La lengua envía señales claras y rápidas al tronco encefálico, una zona clave para el equilibrio y el control motor. Al estimular estas rutas, el dispositivo activa la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro para reorganizarse y crear nuevas conexiones. El cerebro aprende caminos alternos alrededor de las áreas dañadas.
En lugar de forzar al cuerpo a repetir movimientos una y otra vez, este enfoque enseña al cerebro a moverse de nuevo. Los pacientes reportaron pasos más firmes, mejor postura y mayor confianza en su movimiento diario 
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Esto es importante porque cambia nuestra forma de entender la recuperación.
Sanar no siempre significa esforzarse más.
A veces significa comunicarse mejor con el cerebro.
El cerebro no queda “fijo” después de una lesión.
Sigue siendo adaptable. Incluso años después.
El progreso es posible cuando las señales correctas llegan al lugar correcto.
Y a veces, el camino más corto hacia el cerebro… empieza en la lengua 
